Franz Kafka 

NO DESESPERES NI SIQUIERA POR EL...

No desesperes, ni siquiera por el hecho de que no desesperas. Cuando todo parece terminado, surgen nuevas fuerzas. Esto significa que vives.

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UNA PEQUEÑA FÁBULA

¡Ay! -dijo el ratón-. El mundo se hace cada día más pequeño. Al principio era tan grande que le tenía miedo. Corría y corría y por cierto que me alegraba ver esos muros, a diestra y siniestra, en la distancia. Pero esas paredes se estrechan tan rápido que me encuentro en el último cuarto y ahí en el rincón está la trampa sobre la cual debo pasar.

-Todo lo que debes hacer es cambiar de rumbo -dijo el gato... y se lo comió.

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CREER SIGNIFICA LIBERAR EN SÍ MISMO...

Creer significa liberar en sí mismo lo indestructible o mejor: liberarse o mejor aún: ser indestructible o mejor aún: ser.

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HAY PROBLEMAS QUE JAMÁS HUBIÉRAMOS RESUELTO...

Hay problemas que jamás hubiéramos resuelto si fueran realmente nuestros problemas.

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LO COTIDIANO EN SÍ MISMO ES...

Lo cotidiano en sí mismo es ya maravilloso. Yo no hago más que consignarlo.

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SI EL LIBRO QUE LEEMOS NO...

Si el libro que leemos no nos despierta de un puñetazo en el cráneo, ¿para qué leerlo?. Un libro tiene que ser un hacha que rompa el mar de hielo que llevamos dentro.

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EL ESCUDO DE LA CIUDAD

En un principio no faltó la organización en las disposiciones para construir la Torre de Babel; de hecho, quizás el orden era excesivo. Se pensó demasiado en guías, intérpretes, alojamientos para obreros y vías de comunicación, como si se dispusiera de siglos. En esos tiempos, la opinión general era que no se podía construir con demasiada lentitud; un poco más y hubieran abandonado todo, y hasta desistido de echar los cimientos. La gente razonaba de esta manera: lo esencial de la empresa es el pensamiento de construir una torre que llegue al cielo. Lo demás es del todo secundario. Ese pensamiento, una vez comprendida su grandeza, es inolvidable: mientras haya hombres en la tierra, existirá también el fuerte deseo de terminar la torre. Por consiguiente no debe preocuparnos el futuro. Al contrario: el saber de los hombres adelanta, la arquitectura ha progresado y seguirá progresando; de aquí a cien años el trabajo para el que precisamos un año se hará tal vez en pocos meses, y más resistente, mejor. Entonces, ¿a qué agotarnos ahora? Eso tendría sentido si cupiera la esperanza de que la torre quedará terminada en el espacio de una generación. Esa esperanza era imposible. Lo más creíble era que la nueva generación, con sus conocimientos superiores, condenara el trabajo de la generación anterior y demoliera todo lo adelantado, para recomenzar. Tales pensamientos paralizaron las energías, y se pensó menos en construir la torre que en construir una ciudad para los obreros. Cada nacionalidad quería el mejor barrio, y esto dio lugar a disputas que culminaban en peleas sangrientas. Esas peleas no tenían fin; algunos dirigentes opinaban que demoraría muchísimo la construcción de la torre y otros que más valía aguardar que se reestableciera la paz. Pero no sólo en pelear pasaban el tiempo; en las treguas se dedicaban a embellecer la ciudad, lo que provocaba nuevas envidias y nuevas peleas. Así pasó la era de la primera generación, pero ninguna de las siguientes fue distinta; sólo aumentó la destreza técnica y con ella el ansia guerrera. Aunque la segunda o tercera generación reconoció la insensatez de una torre que llegara hasta el cielo, ya estaban demasiado comprometidos para abandonar los trabajos y la ciudad.

El vaticinio de que cinco golpes sucesivos de un puño gigantesco aniquilarán la ciudad, está presente en todas las leyendas y cantos de esa ciudad. Por esa razón el escudo de armas de la ciudad incluye un puño.

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EL MAL CONOCE EL BIEN PERO...

El mal conoce el bien, pero el bien no conoce el mal.

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TODO EL CONOCIMIENTO LA TOTALIDAD DE...

Todo el conocimiento, la totalidad de preguntas y respuestas se encuentran en el perro.

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LA PARTIDA

Mandé traer mi caballo del establo. El sirviente no entendió mis órdenes, así que fui yo mismo al establo, le puse la silla a mi caballo y lo monté. A lo lejos se oía el sonido de una trompeta, y le pregunté al mozo qué significaba. Él, ni sabía nada, ni escuchó nada. Ya a punto de salir, me dijo:
- ¿A dónde va el patrón?
- No lo sé - le dije -, simplemente fuera de aquí. Fuera de aquí, nada más, es la única manera en que puedo alcanzar mi meta.
- ¿Así que usted conoce su meta? - me preguntó -.
- Sí - repliqué -, ya te lo he dicho. Fuera de aquí. Esa es mi meta.

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Desde el 11 hasta el 20 de un total de 27 obras de Franz Kafka

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