Víctor Hugo 

CUANDO POR FIN SE ENCUENTRAN DOS ALMAS

Cuando por fin se encuentran dos almas,
Que durante tanto tiempo se han buscado una a otra entre el gentío,
Cuando advierten que son parejas,
Que se comprenden y corresponden,
En una palabra, que son semejantes,
surge entonces para siempre una unión vehemente y pura como ellas mismas,
una unión que comienza en la tierra y perdura en el cielo.
Esa unión es amor,
amor auténtico, como en verdad muy pocos hombres pueden concebir,
amor que es una religión,
Que deifica al ser amado cuya vida emana
Del fervor y de la pasión y para el que los sacrificios
Más grandes son los gozos más dulces.

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LA MUJER Y EL HOMBRE

El hombre es: la más elevada de las criaturas.
La mujer es: el más sublime de los ideales.

El hombre es: el águila que vuela.
La mujer es: el ruiseñor que canta.

Volar es: dominar el espacio.
Cantar es: conquistar el alma.

El hombre es: el cerebro.
La mujer es: el corazón.

El cerebro ilumina.
El corazón produce amor.

La luz fecunda.
El amor resucita.

El hombre es el genio.
La mujer es el ángel.

El genio es inmensurable.
El ángel es indefinible.

Las aspiración del hombre es la suprema gloria.
La aspiración de la mujer es la virtud eterna.

La gloria engrandece.
La virtud diviniza.

El hombre tiene la supremacía.
La mujer, la preferencia.

La supremacía significa fuerza.
La preferencia representa el derecho.

El hombre es fuerte por la razón.
La mujer es invencible por las lágrimas.

La razón convence.
Las lágrimas conmueven.

El hombre es capaz de todos los heroísmos.
La mujer es capaz de todos los sacrificios.

El heroísmo ennoblece.
El sacrificio sublimiza.

El hombre tiene un farol: la conciencia.
La mujer tiene una estrella: la esperanza.

La conciencia guía.
La esperanza salva.

El hombre es un océano.
La mujer es un lago.

El océano tiene la perla que lo adorna.
El lago tiene la poesía que lo deslumbra.

En fin:
El hombre está colocado en donde termina la tierra;
y la mujer en donde comienza el cielo.

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PRODUCE UNA INMENSA TRISTEZA PENSAR QUE...

Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla mientras el género humano no escucha.

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SER BUENO ES FÁCIL LO DIFÍCIL...

Ser bueno es fácil; lo difícil es ser justo.

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LISE

Yo tenía doce años; dieciséis ella al menos.
Alguien que era mayor cuando yo era pequeño.
Al caer de la tarde, para hablarle a mis anchas,
esperaba el momento en que se iba su madre;
luego con una silla me acercaba a su silla,
al caer de la tarde, para hablarle a mis anchas.

¡Cuánta flor la de aquellas primaveras marchitas,
cuánta hoguera sin fuego, cuánta tumba cerrada!
¿Quién se acuerda de aquellos corazones de antaño?
¿Quién se acuerda de rosas florecidas ayer?
Yo sé que ella me amaba. Yo la amaba también.
Fuimos dos niños puros, dos perfumes, dos luces.

Ángel, hada y princesa la hizo Dios. Dado que era
ya persona mayor, yo le hacía preguntas
de manera incesante por el solo placer
de decirle: ¿Por qué? Y recuerdo que a veces,
temerosa, evitaba mi mirada pletórica
de mis sueños, y entonces se quedaba abstraída.

Yo quería lucir mi saber infantil,
la pelota, mis juegos y mis ágiles trompos;
me sentía orgulloso de aprender mi latín;
le enseñaba mi Fedro, mi Virgilio, la vida
era un reto, imposible que algo me hiciera daño.
Puesto que era mi padre general, presumía.

Las mujeres también necesitan leer
en la iglesia en latín, deletreando y soñando;
y yo le traducía algún que otro versículo,
inclinándome así sobre su libro abierto.
El domingo, en las vísperas, desplegar su ala blanca
sobre nuestras cabezas yo veía a los ángeles.

De mí siempre decía: ¡Todavía es un niño!
Yo solía llamarla mademoiselle Lise.
Y a menudo en la iglesia, ante un salmo difícil,
me inclinaba feliz sobre su libro abierto.
Y hasta un día, ¡Dios mío, Tú lo viste!, mis labios
hechos fuego rozaron sus mejillas en flor.

Juveniles amores, que duraron tan poco,
sois el alba de nuestro corazón, hechizad
a aquel niño que fuimos con un éxtasis único.
Y al caer de la tarde, cuando llega el dolor,
consolad nuestras almas, deslumbradas aún,
juveniles amores, que duraron tan poco.

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LA TUMBA Y LA ROSA

La tumba dijo a la rosa:
-¿Dime qué haces, flor preciosa,
lo que llora el alba en ti?

La rosa dijo a la tumba:
-de cuanto en ti se derrumba,
sima horrenda, ¿qué haces, di?

Y la rosa: -¡Tumba oscura
de cada lágrima pura
yo un perfume hago veloz.

Y la tumba: -¡Rosa ciega!
De cada alma que me llega
yo hago un ángel para Dios.

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LA VIDA ES UNA FLOR CUYA...

La vida es una flor cuya miel es el amor.

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PRODUCE UNA INMENSA TRISTEZA PENSAR QUE...

Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla mientras el género humano no escucha.

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LOS CUARENTA SON LA EDAD MADURA...

Los cuarenta son la edad madura de la juventud; los cincuenta la juventud de la edad madura.

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SI PUDIÉRAMOS IR

Él decía a su amada: Si pudiéramos ir
los dos juntos, el alma rebosante de fe,
con fulgores extraños en el fiel corazón,
ebrios de éxtasis dulces y de melancolía,

hasta hacer que se rompan los mil nudos con que ata
la ciudad nuestra vida; si nos fuera posible
salir de este París triste y loco, huiríamos;
no se adónde, a cualquier ignorado lugar,

lejos de vanos ruidos, de los odios y envidias,
a buscar un rincón donde crece la hierba,
donde hay árboles y hay una casa chiquita
con sus flores y un poco de silencio, y también

soledad, y en la altura cielo azul y la música
de algún pájaro que se ha posado en las tejas,
y un alivio de sombra... ¿Crees que acaso podemos
tener necesidad de otra cosa en el mundo?

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