15 Cuentos de Anónimo  

LA MARIPOSA AZUL

Había una vez un viudo que vivía con sus dos hijas curiosas e inteligentes. Las niñas siempre hacían muchas preguntas, algunas las sabía responder, otras no. Quería darles la mejor educación, así que las mandó de vacaciones con un sabio que vivía en lo alto de una colina. Éste siempre contestaba a todas las preguntas sin ni siquiera dudar, por eso, las niñas decidieron inventar una que no pudiera responder. Una de ellas cogió una mariposa azul y le explicó a la otra que pondría al animal en sus manos y le preguntaría al sabio si estaba viva o muerta.

«Si dice que está muerta, abriré mis manos y la dejaré volar, pero si dice que está viva, la aplastaré. Así, sea cuál sea la respuesta, será equivocada».
Las dos niñas fueron a ver al sabio , que estaba meditando, y le hicieron la pregunta. «Tengo aquí una mariposa azul. Dígame, ¿está viva o muerta?». Muy calmadamente, éste respondió: «Eso depende de ti... Ella está en tus manos».

Moraleja: Así es nuestra vida, nuestro presente y nuestro futuro. No debemos culpar a nadie cuando algo falle, somos nosotros los responsables de nuestros logros y fracasos. Nuestra vida está en nuestras manos, como la mariposa azul... Nos toca a no­sotros escoger qué hacer con ella.

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LA CABEZA

No había dormido bien, sentía mi cuerpo cansado y mis ojos me ardían. Fue una mala noche, ya eran cuatro con la de ayer. Esperaba concentrarme en mi trabajo, sin embargo, cuando intentaba redactar alguna historia para el diario, una sensación de humedad cubría mi rostro.

No sabía lo que sucedía, me tranquilizaba el saber que contaba al menos con la compañía de Anubis, mi perro pit bull con quien me siento protegido en casa. Muchas veces por las noches he escuchado los ladridos de Anubis hacia el techo pero nunca logró ver lo que intenta atrapar.

En ocasiones me causa nervios cuando mi perro se altera tratando de escalar la pared del patio trasero, siento que algo intenta entrar pero el sueño me vence y me duermo.

Desde que vivo solo me las he arreglado con todo tipo de problemas pues mi casa yace a las afueras de la urbe, en una especie de terracería con un terreno baldío detrás. No tuve problemas con aceptar vivir aquí puesto que aprecio el silencio, o al menos de eso estaba seguro hasta que los ruidos espeluznantes se presentaron en la oscuridad.

Aún no puedo dejar de temblar por lo que sucedió apenas hace 2 noches, no he dormido, no dejo de llorar, aunque deje las luces prendidas no logro cerrar los ojos o más bien, no quiero. Ahora me encuentro en casa de mi tía quien me ha tratado de consolar por la pérdida de Anubis.

Hace dos noches justamente alrededor de la 1 am, estaba acostado navegando en Facebook cuando de pronto Anubis salió corriendo al patio trasero, ladrando con si se tratase de un demonio, ojalá hubiese sido eso, pero fue mucho peor.

Había dejado la puerta de atrás abierta por el calor intenso que había, entonces a lo lejos, en la oscuridad visualizaba la sombra de mi perro ladrando y tratando de atacar a una cosa que estaba en el suelo, parecía una masa deforme que se acercaba hacia la casa y que Anubis intentaba morder pero no lograba atraparlo.

Mis piernas comenzaron a temblar, intenté encender las luces pero por desgracia no funcionaban. Estaba paralizado, hipnotizado viendo cómo eso se dirigía hacia mí. Anubis enfurecido ladraba y con más fuerza se abalanzó sobre esa cosa que hacía un ruido extraño, como de alguien masticando con la boca abierta.

Entonces los ladridos se convirtieron en chillidos, aquella cosa que poco a poco iba visualizando mejor, estaba prendido de la trompa de mi perro que se revolcaba en el suelo, chillando y llorando. Tomé una pala que tenía a mi alcance y corrí hacia ellos, entonces toda mi piel se erizó y unas náuseas incontrolables se apoderaron de mí.

Dí el primer golpe, pero no podía dejar de sentir asco por aquella cosa gelatinosa de la que brotaba sangre de Anubis. Dí un golpe más fuerte y logré separarlos. Mandé de otro golpe a esa cosa lejos y me acerqué a mi pobre perro que yacía en el suelo quejándose.

Cuando lo alumbré con mi celular contemplé con sumo dolor que tu nariz había sido arrancada. Ahora con más rabia que miedo fui hacia esa masa que despedía un olor a podrido y con el flash de mi celular pude alumbrarlo...caí asqueado, era...una cabeza humana.

La luz de mi celular dejaba observar aquel rostro deforme con los ojos entreabiertos y unos dientes amarillentos que masticaban la nariz de Anubis. No me podía mover, solo alumbraba a aquel asqueroso ente.

Entonces comenzó a rodar, pasó cerca de mi pie, se detuvo a oler y yo con mi cuerpo, alma y mente en completo shock solo rezaba para que se alejara de mí. Seguí con la luz a esa cabeza que dejaba un camino de sangre que brotaba de su cuello amputado con pedazos de piel agitándose y rodó hasta mi perro que ya no se movía.

Comenzó a morderlo. Esas masticadas repugnantes y viscosas aún suenan en mis oídos. Por las noches siento que una cabeza humana rodará entre el monte del baldío, llegará detrás de mi almohada y comenzará a masticar mis ojos como lo hizo con Anubis.

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EL ÁNGEL DE LOS NIÑOS

Cuenta una leyenda que a un angelito que estaba en el cielo, le tocó su turno de nacer como niño y le dijo un día a Dios:
- Me dicen que me vas a enviar mañana a la tierra. ¿Pero, cómo vivir? tan pequeño e indefenso como soy. - Entre muchos ángeles escogí uno para tí, que te está esperando y que te cuidará.
- Pero dime, aquí en el cielo no hago más que cantar y sonreír, eso basta para ser feliz. - Tu ángel te cantará, te sonreirá todos los días y tú sentirás su amor y serás feliz.
- ¿Y cómo entender lo que la gente me habla, si no conozco el extraño idioma que hablan los hombres? - Tu ángel te dirá las palabras más dulces y más tiernas que puedas escuchar y con mucha paciencia y con cariño te enseñará a hablar.
-¿Y qué haré cuando quiera hablar contigo? - Tu ángel te juntará las manitas te enseñará a orar y podrás hablarme.
- He oído que en la tierra hay hombres malos. ¿Quién me defenderá? - Tu ángel te defenderá más aún a costa de su propia vida.
- Pero estaré siempre triste porque no te veré más Señor. - Tu ángel te hablará siempre de mí y te enseñará el camino para que regreses a mi presencia, aunque yo siempre estaré a tu lado.

En ese instante, una gran paz reinaba en el cielo pero ya se oían voces terrestres, y el niño presuroso repetía con lágrimas en sus ojitos sollozando...
-¡Dios mío, si ya me voy dime su nombre!. ¿Cómo se llama mi ángel?
- Su nombre no importa, tu le dirás: Mamá.

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VIVIR PARA SIEMPRE

Una dama comía y bebía alegremente y tenía cuanto puede anhelar el corazón, y deseó vivir para siempre. En los primeros cien años todo fue bien, pero después empezó a encogerse y a arrugarse, hasta que no pudo andar, ni estar de pie, ni comer, ni beber. Pero tampoco podía morir. Al principio la alimentaban como si fuera una niñita, pero llegó a ser tan diminuta que la metieron en una botella de vidrio y la colgaron en una iglesia. Todavía está allí, en la iglesia de Santa María. Es del tamaño de una rata y una vez al año se mueve.

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LOS DOS SASTRES

Dos sastres trabajaban el uno frente al otro desde hacía muchos años. Cortaban y cosían incansablemente, hablando de vez en cuando de distintas cosas.
Uno de dijo al otro:

-¿Irás de vacaciones este año?

-No -contestó el segundo tras un momento de reflexión.

Regresaron a su silencio. Más tarde, el segundo sastre dijo de repente:

-Fui de vacaciones hace veinte años.

-¿Fuiste de vacaciones hace veinte años? -preguntó el primero, muy sorprendido.

-Sí.

Entonces el primer sastre, que no recordaba ninguna ausencia de su compañero, le dijo:

-¿Y adónde fuiste?

-A la India.

-¿A la India?

-Sí. Fui a cazar el tigre de Bengala.

-¿Fuiste a cazar el tigre de Bengala? ¿Tú?

Los dos hombres habían dejado de trabajar y se miraban. El segundo sastre, que parecía muy tranquilo, retomó la palabra para contar lo siguiente:

-Partí al alba sobre un magnífico elefante que un gran príncipe me había prestado. Armado con cuatro fusiles de culatas de plata y acompañado por una escolta de ojeadores, me aventuré en una montaña solitaria. De repente un tigre enorme se levantó rugiendo frente a mi montura, el tigre más grande que nunca se había visto en aquella región de Bengala. Mi elefante, asustado, se tiró para atrás, me caí en unos matorrales espinosos y el tigre se me echó encima y me devoró.

-¿Te devoró? -preguntó el primer sastre, que había estado escuchando estupefacto.

-Me devoró... por completo, hasta el último pedazo de carne.

-Pero bueno, ¿qué me cuentas? ¡Ningún tigre te devoró! ¡Sigues vivo!

Entonces el segundo sastre retomó el hilo, retomó la aguja y le dijo al primero:

-¿A esto le llamas vida?

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LA LEYENDA DE LOS VOLCANES

La leyenda de los volcanes asocia a dos personajes de la mitología mexica con la aparición de los volcanes Popocatépetl (la montaña humeante) e Iztaccíhuatl (la mujer dormida) en el Valle de México, y dice así:

Iztaccíhuatl fue una princesa que se enamoró de Popocatépetl, uno de los guerreros más valientes de su padre. A este no le gustaba el novio de su hija, así que decidió enviarlo a una batalla que suponía perdida en Oaxaca. Le prometió que su hija sería suya si era capaz de regresar victorioso, hecho que daba por imposible.

Sorprendentemente, y gracias al enorme tesón del joven, este regresó victorioso, con la cabeza del enemigo del rey en una bandeja. Tras ser homenajeado con un gran festín, finalmente el rey no cumplió su palabra y decidió recluir a su hija en un castillo. Esta, desolada por la decisión de su padre, se suicidó.

Popocatépetl, con el corazón roto, llevó el cuerpo de su amada a un monte, donde los dioses, apenados por lo sucedido, la convirtieron en un volcán inactivo. Entonces el guerrero, dispuesto a velar por siempre a su amada, encendió una antorcha y lanzó una promesa según la cual nada, ni siquiera un huracán por más fuerte que fuese, lograría apagar su amor por ella.

Los dioses, admirados por la fuerza del amor del chico, le entregaron la eternidad convirtiéndolo en un volcán humeante, a cambio de custodiar a la princesa Iztaccihuatl para siempre.

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EL ORIGEN DEL TEMPLO

Dos hermanos, el uno soltero y el otro casado, poseían una granja cuyo fértil suelo producía abundante grano, que los dos hermanos se repartían a partes iguales.
Al principio todo iba perfectamente. Pero llegó un momento en que el hermano casado empezó a despertarse sobresaltado todas las noches, pensando:

"No es justo. Mi hermano no está casado y se lleva la mitad de la cosecha; pero yo tengo mujer y cinco hijos, de modo que en mi ancianidad tendré todo cuanto necesite. ¿Quién cuidara de mi pobre hermano cuando sea viejo? Necesita ahorrar para el futuro más de lo que actualmente ahorra, porque su necesidad es, evidentemente, mayor que la mía".

Entonces se levantaba de la cama, acudía sigilosamente adonde su hermano y vertía en el granero de éste un saco de grano.

También su hermano soltero comenzó a despertarse por las noches y a decirse a sí mismo:

"Esto es una injusticia. Mi hermano tiene mujer y cinco hijos y se lleva la mitad de la cosecha. Pero yo no tengo que mantener a nadie más que a mí mismo. ¿Es justo, acaso, que mi pobre hermano, cuya necesidad es mayor que la mía, reciba lo mismo que yo?"

Entonces se levantaba de la cama y llevaba un saco de grano al granero de su hermano.

Un día, se levantaron de la cama al mismo tiempo y tropezaron uno con otro, cada cual con un saco de grano a la espalda.

Muchos años mas tarde, cuando ya habían muerto los dos, el hecho se divulgó. Y cuando los ciudadanos decidieron erigir un templo, escogieron para ello el lugar en el que ambos hermanos se habían encontrado, porque no creían que hubiera en toda la ciudad un lugar más santo que aquél.

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EL MILAGRO DE LAS ROSAS

Un buen día la joven Isabel, acorde a su noble espíritu, se dispuso a realizar una buena obra. Para ello, y en contra de la voluntad de su rica familia, organizó un cesto con huevos, pan, carne y otros alimentos y se dispuso a bajar al pueblo de Eisenach situado justo bajo su morada, el Castillo de Wartburg, para repartirlo entre los pobres. Escondió dicho cesto bajo un manto y comenzó el pequeño viaje. Al cabo de un rato, apareció su marido Ludwing IV de Thuringia, que volvía de pasar la mañana cazando. Sorprendido le preguntó, al ver el bulto bajo su manto, qué era lo que estaba cargando. Ella triste y sin palabras, apesadumbrada por la situación, no dijo nada. Entonces Ludwing abrió el manto con desprecio y para su sorpresa vio que tan sólo contenía un ramo de rosas.

Esta es una leyenda popular cristiana originada en la Edad Media, en la cual se produce un milagro en forma de unas rosas que muestran la incidencia de Dios en la vida de las personas.

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COMPROMISO Y COLABORACIÓN

Una gallina y un cerdo decidieron asociarse para hacer algo juntos, y crearon un buen desayuno al estilo americano compuesto por unos huevos con bacon.
La gallina colaboró poniendo un par de huevos mientras el cerdo se comprometió con el proyecto y para aportar el bacon tuvo que dejarse la piel y morir.

Moraleja: No es lo mismo colaborar que comprometerse.

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LEYENDA DE LA INDIA MARIANA

El nombre del departamento de Pocitos en San Juan, Argentina, tiene su origen en esta leyenda.

Según se cuenta, existía una hermosa india nativa llamada Mariana quien de vez en cuando se dejaba ver por el poblado, aunque nadie de allí sabía de dónde venía. El caso es que Mariana, se dedicaba a vender pepitas de oro y tras un par de horas desaparecía de allí sin hacer ruido.

Esta actitud fue haciendo que su figura fuese adquiriendo tintes misteriosos, que la gente empezase a hablar de ella, inventando quizá cosas, como que la habían visto hablar con los animales del pueblo.

Una vez un campesino se atrevió a hablar con ella y se interesó por el origen de aquellas pepitas.

- De un pocito las saco - dijo -, y se fue rauda.

Una noche, unos bandidos que la habían seguido y querían robarle el oro, la encontraron dormida bajo un árbol y se dispusieron a asaltarla, pero en ese momento, un enorme perro con los ojos inyectados en sangre apareció y con sus ladridos espantó a los ladrones.

Entonces, y según cuenta la leyenda, los bandidos decidieron seguir a la mujer para saber de dónde provenía el oro. Se adentraron en el bosque y nunca más aparecieron...

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