12 Poemas de Carlos Pellicer 

RECINTO

Antes que otro poema
- del mar, de la tierra o del cielo -
venga a ceñir mi voz, a tu esperada
persona limitándome, corono
más alto que la excelsa geografía
de nuestro amor, el reino ilimitado.

Y a ti, por ti y en ti vivo y adoro.
Y el silencioso beso que en tus manos
tan dulcemente dejo,
arrinconada mi voz,
al sentirme tan cerca de tu vida.

Antes que otro poema
me engarce en sus retóricas,
yo me inclino a beber el agua fuente
de tu amor en tus manos, que no apagan
mi sed de ti, porque tus dulces manos
me dejan en los labios las arenas
de una divina sed.

Y así eres el desierto por
el cuádruple horizonte de las ansias
que suscitas en mí; por el oasis
que hay en tu corazón para mi viaje
que en ti, por ti, y a ti voy alineando,
con la alegría del paisaje nido
que voltea cuadernos de sembrados.

Antes que otro poema
tome la ciudadela a fuego ritmo,
yo te digo, callando,
lo que el alma en los ojos dice solo.
La mirada desnuda, sin historia,
ya estés junto, ya lejos,
ya tan cerca o tan lejos o cerca reprimirse
y apoderarse en la luz de un orbe lágrima,
allá, aquí, presente, ausente,
por ti, a ti, y en ti, oh ser amado,
adorada persona
por quien -secretamente- así he cantado.

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DESEOS

Trópico, para que me diste
las manos llenas de color.
Todo lo que yo toque
se llenará de sol.
En las tardes sutiles de otras tierras
pasaré con mis ruidos de vidrio tornasol.
Déjame un solo instante
dejar de ser grito y color.
Déjame un solo instante
cambiar de clima el corazón,
beber la penumbra de una costa desierta,
inclinarme en silencio sobre un recóndito balcón,
ahondarme en el manto de pliegues finos,
dispersarme en la orilla de una suave devoción,
acariciar dulcemente las cabelleras lacias
y escribir con un lápiz muy fino mi meditación.
¡Oh, deja de ser un solo instante
el Ayudante de Campo del sol!
¡Trópico, para qué me diste
las manos llenas de color!

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¿QUÉ HARÁS?

¿Qué harás? ¿En que momento
tus ojos pensarán en mis caricias?
¿Y frente a cuales cosas, de repente,
dejarás, en silencio, una sonrisa?
Y si en la calle
hallas mi boca triste en otra gente,
¿la seguirás?
¿Que harás si en los comercios - semejanzas -
algo de mi encuentras?
¿Qué harás?

¿Y si en el campo un grupo de palmeras
o un grupo de palomas o uno de figuras
vieras?
(Las estrofas brillan en sus aventuras
de desnudas imágenes primeras.)

¿Y si al pasar frente a la casa abierta,
alguien adentro grita: ¡Carlos!?
¿Habrá en tu corazón el buen latido?
¿Cómo será el acento de tu paso?

Tu carta trae el perfume predilecto.
Yo la beso y la aspiro.
En el rápido drama de un suspiro
la alcoba se encamina hacia otro aspecto.
¿Qué harás?

Los versos tienen ya los ojos fijos.
La actitud se prolonga. De las manos
caen papel y lápiz. Infinito
es el recuerdo. Se oyen en el campo
las cosas de la noche. - Una vez
te hallé en el tranvía y no me viste.
- Atravesando un bosque ambos lloramos.
- Hay dos sitios malditos en la ciudad. ¿Me diste
tu dirección la noche del infierno?
- ...Y yo creí morirme mirándote llorar.
Yo soy...

Y me sacude el viento.

¿Qué harás?

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LA BANDERA MEXICANA

La bandera mexicana
- verde, blanca y roja -
en sus colores aloja
la Patria en flor soberana.
Cuando en las manos tenemos
nuestra bandera,
es como tener entera
agua, naves, luz y remos.

Cuando alzamos sus colores,
siente nuestro corazón
la dicha de una canción
que se derrama en flores.

Por amor a mi bandera,
les digo a todos "hermano."
El que la lleve en la mano
lleva la paz donde quiera.

Paz, trabajo, amor y fe
son de mi bandera el cielo.
Yo quiero, por todo anhelo,
digno de ella estar al pie.

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HOY QUE HAS VUELTO, LOS DOS HEMOS CALLADO

Hoy que has vuelto, los dos hemos callado,
y sólo nuestros viejos pensamientos
alumbraron la dulce oscuridad
de estar juntos y no decirse nada.

Sólo las manos se estrecharon tanto
como rompiendo el hierro de la ausencia.
¡Si una nube eclipsara nuestras vidas!

Deja en mi corazón las voces nuevas,
el asalto clarísimo, presente,
de tu persona sobre los paisajes
que hay en mí para el aire de tu vida.

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POESÍA

Poesía, verdad, poema mío,

fuerza de amor que halló tus manos, lejos

en un vuelo de junios pulió espejos

y halló en la luz la palidez, el frío.



Yo rebosé los cántaros del río,

paré la luz en los remansos viejos,

di órdenes a todos los reflejos;

Junio perfecto dio su poderío.



Poesía, verdad de todo sueño,

nunca he sido de ti mas corto dueño

que en este amo en cuyas nubes muero.



Huye de mí, conviérteme en tu olvido,

en el tiempo imposible, en el primero

de todos los recuerdos del olvido.

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SONETO

El tiempo que nos une y nos divide
- frutal nocturno y floreciente día -
hoy junto a ti, mañana lejanía,
devora lo que olvida y lo que pide.
Cuidar en él lo que al volar descuide
será internarse en su relojería;
y minuto a minuto y día a día,
sin quererlo, aunque poco, nos olvide.

Olvidados del tiempo, esos instantes,
serán de eternidad; los deslumbrantes
momentos del instante de lo eterno.

Junio en tus manos su belleza afina;
el otoño es su dócil subalterno.
Tiempo y eternidad tu alma combina.

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RECUERDOS DE IZA (Un pueblecito de los Andes)

Creeríase que la población,
después de recorrer el valle,
perdió la razón
y se trazó una sola calle.

Y así bajo la cordillera
se apostó febrilmente como la primavera.

En sus ventanas el alcohol
está mezclado con sol.

Sus mujeres y sus flores
hablan el dialecto de los colores.

Y el riachuelo que corre como un caballo,
arrastra las gallinas en febrero y en mayo.

Pasan por la acera
lo mismo el cura, que la vaca y que la luz postrera.

Aquí no suceden cosas
de mayor trascendencia que las rosas.

Como amenaza lluvia,
se ha vuelto morena la tarde que era rubia.

Parece que la brisa
estrena un perfume y un nuevo giro.

Un cantar me despliega una sonrisa
y me hunde un suspiro.

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TEMA PARA UN NOCTURNO

Cuando hayan salido del reloj todas las hormigas

y se abra - por fin - la puerta de la soledad,

la muerte,

ya no me encontrará.



Me buscará entre los árboles, enloquecidos

por el silencio de una cosa tras otra.

No me hallará en la altiplanicie deshilada

sintiéndola en la fuente de una rosa.



Estoy partiendo el fruto del insomnio

con la mano acuchillada por el azar.

Y la casa está abierta de tal modo,

que la muerte ya no me encontrará.



Y ha de buscarme sobre los árboles y entre las nubes.

(¡Fruto y color la voz encenderá!)

Y no puedo esperarla: tengo cita

con la vida, a las luces de un cantar.



Se oyen pasos - ¿muy lejos?... - todavía

hay tiempo de escapar.

Para subir la noche sus luceros,

un hondo son de sombras cayó sobe la mar.



Ya la sangre contra el corazón se estrella.

Anochece tan claro que me puedo desnudar.

Así, cuando la muerte venga a buscarme,

mi ropa solamente encontrará.

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A JUÁREZ

Sobria de barro indígena la verdad de tu vida.
Tuvo niñez de espigas y maduró en maíz.
Ganaste tu destino por la oveja perdida
y le diste a los árboles una nueva raíz.

Yo miro junto a un lago tu pobreza zurcida
y la mano del día que te dio su barniz.
La justicia en tus labios sus torres consolida
y tu solemnidad tiene un aire feliz.

Eres el Presidente vitalicio, a pesar
de tanta noche lúgubre. La República es mar
navegable y sereno si el tiempo te consulta.

Y si una flor silvestre puedo dejarte ahora
es porque el pueblo siente que en su esperanza adulta
tu fe le dará cantos para esperar la aurora.

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