10 Poemas de Julio Verne 

LA ESPERA

Estoy en la dulce espera
en la cita nocturna
observo a mi bella amante

La Luna amorosa argenta
el césped flexible y dulce
Estoy en la dulce espera.

La sombra tibia y temblorosa
se prepara para nosotros
observo a mi bella amante.

De su belleza encantadora
ya me siento celoso
Estoy en la dulce espera.

¡Será necesario abandonar a tía,
padre, madre, hermana, esposo!
Observo a mi bella amante.

Bien cubierta con su manta,
debe engañarlos a todos
Estoy en la dulce espera.

En este bosquecillo de amaranto,
¡No hace falta cerrojos!
Observo a mi bella amante.

¡Ella llega diligente!...
¡La contemplo de rodillas!
En una bien dulce espera
¡He observado a mi bella amante!

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EL VAPOR

Ahora el vapor está a la orden del día.
¡Todo marcha por su ayuda! ¿Es esto bueno para el mundo?
Para seleccionar bien sobre la tierra donde cualquier cosa abunda,
Haría falta por tanto apurarse, cuando se le de la vuelta

Se vuela a partir de ahora sobre la tierra y sobre las aguas;
Se hace sin pensar en la ida y la vuelta;
Se imita al Sol que, mientras que da su vuelta,
Mide en una noche la celeste bóveda.

Esto solo puede ser bueno en estos tiempos de guerra,
Donde son exterminados esos hombres que recientemente
Marcharon contra la muerte sin reproche y sin miedo.

Si engañando al enemigo por su sutil artimaña,
se rehacen algunos guerreros tanto como se usen,
¡El amor todas las noches marcharía como el vapor!

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CUANDO LA DULCE NOCHE

Cuando la dulce noche, como una dulce amante,
Avanza paso a paso, a la caída del día,
Avanza en el cielo, tierna, tímida y lenta,
Muy feliz de un loco amor

Cuando los mudos fuegos abandonan el clemente cielo,
Puntean en la noche, discretos, chispeantes,
Esparcen a lo lejos sus haces de artificio,
En los espacios puros y blancos

Cuando el cielo amoroso en el seno de las sombrías redes,
Todo caluroso de ese Sol que acaba de abrasarlo,
A la Tierra, para llenarlo de amor y de sombras
Se unen en un abrasador beso

Cuando se refleja como en un límpido lago,
La estrella del azul celeste, sobre el suelo transparente,
Brilla en el seno de la hierba una estrella tímida,
Esa estrella del gusano fulgurante

Cuando en las brisas de la tarde, la hoja temblorosa,
A ese tierno contacto ha cerrado su seno,
Y conserva durmiéndose la frescura olorosa
Que debe perfumar la mañana.

Cuando sobre el sombrío azul, como un triste fantasma,
El ciprés de ese campo donde termina el dolor,
Está allá, más triste y frío que un misterioso salmo
Que cae sobre un tono menor

Cuando inclinando su cabeza a los secretos quejidos
El tejo, como con grandes brazos agita sus ramas,
Y muy melancólico, en palabras mudas,
Charla bajo con las tumbas

Cuando en la cuna de Dios, sobre la durmiente rama,
El apacible y feliz pájaro encontró el sueño,
Cuando el hilo de la Virgen ha recuperado su tienda
Esperando algún Sol

Cuando la cruz desplegada en su forma incierta,
Sobre el camino del Cielo con sus dos brazos de dolores,
En la noche que la cerca en su humilde aliento
Está chorreante de lágrimas.

Cuando toda la naturaleza, y la estrella de la piedra,
Y el árbol del camino, la cruz de la encrucijada,
Se revisten de la sombra, del misterio,
Después de las fatigas del día.

Cuando todo nos habla de corazón, cuando la mujer temblorosa,
Tiene más de voluptuosidad que el Sol por el día,
¡Oh! ven, te diré todo eso que tengo en el alma,
Todo eso que tengo de tierno amor.

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TEMPESTAD Y CALMA

La sombra
Sigue
Sombría
Noche;
Una
Luna
Clara
Destella.

Tranquilla
El aire puro
Destila
El azul celeste;
El sabio
Alquila
Viaje
¡Por supuesto!

La atmósfera
De la flor
Regenera
El olor,
Se incorpora,
Evapora
Para la aurora
Su olor.

En ocasiones la brisa
De los verdes olmos
Pasa y se estrella
En las dulces ramas
En el fondo del alma
Que la reclama
¡Es un remedio
Para todos los males!

Un punto se declara
Lejos de la casa
Se convierte en una vara;
Es una confusión;
Larga, negra, rápida
Nada más la doma
Ella se agranda, sube,
Cubre el horizonte.

La oscuridad avanza
Y dobla su negrura;
¡Su funesta apariencia
Toma y sobrecoge el corazón!
Y temblando presagia
Que esa oscura nube
Encierra una gran tormenta
En su enorme horror.

En el cielo, no hay más estrellas
La nube cubre todo
Con sus glaciales velas
Esta allí, solo y de pie.
El viento lo empuja, lo excita,
Su inmensidad se irrita;
¡Al ver su flanco que se agita,
Se comprende que esta en el límite!

Se repliega y se agrupa,
Aprieta sus vastos harapos;
Apenas contiene los centelleos
Que le vienen de sus vientos norteños;
La nube en fin se dilata,
Se entreabre, se rasga, explota,
Como un matiz escarlata
Las corrientes de sus negros torbellinos

El relámpago resplandece; luz brillante
Que os ciega y os quema los ojos,
No se desvanece, la tormenta silbante
Lo hace brillar, encenderse mucho mejor;
Vuela; en su curso mudo y rápido
El horrible viento lo conduce y lo aviva;
El rápido relámpago, en su fugitiva marcha
Por sus zigzags une la Tierra a los Cielos.

El rayo parte instantaneamente; tempestea, truena
Y el aire se llena de sus largo ruido;
En el fondo de los ecos, el inmenso ruido zumba,
Envuelve, presiona todos de sus resquebrajosos crujidos.
Triplica sus esfuerzos; el relámpago como la bomba,
Se lanza y rebota sobre el tejado que sucumbe,
Y el trueno estalla, y se repite, y cae,
Prolonga hasta los Cielos sus aterramientos.

Un poco más lejos, pero tembloroso todavía
En el negro cielo la tormenta continúa,
Y de sus fuegos ensombrece y colorea
La oscuridad de la silbante noche.
Entonces por instantes los vientos del norte la mueven
Se calma un poco, el trueno se esparce,
Y después se acalla, y en la lejanía rueda
Como un eco solamente que fue

El relámpago también es cada vez más raro
De vez en cuando muestra sus fuegos
No es más la cruenta lucha
Donde los vientos combatían entre ellos;
Llevando a otras partes su sombría cabeza,
El horror, el estampido de la tempestad
Un poco más tarde, se detiene,
Finalmente huyen sus bulliciosos juegos.

En el cielo la última nube
Es barrida por el viento;
En el horizonte esa gran tempestad
Ha cambiado muy rápidamente;
No se ve a lo lejos en la sombra
Más que una espesura larga, sombría,
Que se va, se tiñe de negro, oscuridad
Toda en su desplazamiento.

La naturaleza está tranquila,
Ha perdido su miedo;
Es dulce y dócil
Y se regocija el corazón;
Si el trueno ruge
Y con su profunda voz
Allá preocupa al mundo,
Aquí no se le teme más.

En el cielo la estrella
Con un luz más pura
Brilla y se devela
En el seno del azul celeste;
La noche en la tregua,
Que toma y sueña,
Y que se levanta,
No tiene más oscuridad.

El agradable aliento
Del dulce hálito
Que camina
Como un suspiro,
Silenciosamente,
La hoja inclina,
La zalamería,
Y provoca placer.

La naturaleza
Es aún
Mucho más pura,
Y se duerme;
En la embriaguez
La señora,
Así junta
Una cama de oro.

Toda alegre,
La flor
Se calma;
Su corazón
Tranquilo
Destila
El útil
Olor.

Ella
Huye,
Bella
Noche;
Una
Luna
Clara
Destella.

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CUANDO POR EL DURO INVIERNO

Cuando por el duro invierno que tristemente vuelve
La nieve con sus largos copos cae, blanqueando el techo,
Permita que el gemido del tiempo la enfrente.
Por nuestros numerosos haces, ¡devuélvame la estrecha chimenea!

Para el ocioso soñador, la dulce sobremesa
Con los pies sobre los morrillos, sueña, cree
¡La felicidad! - él no quiere delante de su chimenea más
Que una butaca bien suave, ¡donde pueda burlarse del frío!

Atiza su fuego por medio de sus tenazas ;
La llama crece, como una estrella caída
La chispa que el ojo ve en la sombra se mantiene y sigue.

A él le parece entonces ver que los astros de la noche se muestran ;
La ilusión se redobla; ¡está feliz! piensa unir
¡Al calor del día el encanto de la noche!

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VACILACIÓN

Esa que amo tiene grandes ojos
bajo las castañas pupilas;
Esa que amo bajo los Cielos
es bella entre las bellas.
Ella brilla, embellece mis días,
¡Oh! si estuviera allá,
mi Dios, me gustaría verla siempre
Esa que amo.

Esa que amo, es muy dulce verla,
es dulce escucharla;
Su mirada fija en el corazón la esperanza
que su voz hace comprender.
¿Será para mí todo su amor,
para mí solo, para mí mismo?
Si amo, es que la veo
esa que amo.

Cerca de ella, ¡ay! siento
una dulce emoción
Ausente, hacia ella en mis sentidos
algo me empuja.
Para mí en el fondo de su corazón
si fuese de la misma manera
¿Le daría una mirada extraviada?
Esa que amo

Esa que amo, ¡ay! ¡Ay!
Cuando sea su turno, ¿me amará?
No lo sé; no le he dicho
que su ojo brilla.
¿Es para mí que brilla así?
¡Felicidad suprema!...
Además, ¿lo enciende ella también?
Esa que amo
si burlando mi inocencia
por su hipocresía,
¡Se sirve de su belleza
Para quitarme mi vida!
¿Su corazón podrá ser así de negro?
¡Oh! ¡No, esa es una blasfemia!
¡Un blasfemo!... no hace falta más que ver
Esa que amo.

No, no, amor, amor en nosotros
porque al hacerte mujer,
Dios, le doy mi agradecimiento de rodillas,
te di mi alma.
¡Corre! me uno a tus pasos
En mi extremo ardor...
Quizás, no me ame,
Esa que amo.

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EL SILENCIO EN UNA IGLESIA

En uno de los lados de la nave, inclinando su húmeda urna,
La noche deja caer la sombra triste de la tarde;
Caza insensiblemente la modesta claridad diurna;
Y la bóveda se duerme sobre el negro pilar.

El silencio penetra solo bajo el arco taciturno,
La ojiva en los pardos vitrales no se deja ver;
El frio altar se arropa con su vestido nocturno;
El órgano se apaga; ¡todo duerme en el sagrado dormitorio!

En el silencio, un paso resuena sobre el suelo;
Todo se despierta, y el sonido extiende su espiral,
El órgano gime, el altar tiembla bajo ese ruido.

El pilar lo repite en su cavidad sombría;
El arco lo retransmite, y se agita en la sombra...
¡Después todo se desvanece, todo muere, y vuelve a caer la noche!

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LA MUERTE

En esta pobre aldea donde la vida es amarga,
El triste campo de muerte, de aspecto maldito,
Viene a mostrar las lágrimas del ciprés y del tejo
¡Al alma del caminante que palidece y se oprime!

Allá, a la vista de esas tumbas, en el lastimoso capitel,
Donde los ricos se duermen bajo la engañosa gloria,
Pero en frágiles cruces, indicación tan natural
¡Del sitio donde el pobre ha terminado la miseria!

En la ciudad donde siempre se desborda el placer,
Donde la abundancia suple el deseo más simple,
¡La muerte no es el fin de la esclavitud!

Pero en la triste aldea, donde duerme el desánimo,
¡Oh! ¡la muerte no sabría cómo venir tan rápidamente!...
¡Y por tanto en la ciudad, se muere como en la aldea!

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A LA MORFINA

Toma, si hiciese falta, Doctor, las alas de Mercurio
¡Para traerme lo más pronto posible tu precioso bálsamo!
Ha llegado el momento del pinchazo,
Que, de esta cama infernal, me lleve hacia los Cielos.

Gracias, Doctor, gracias, que importa que la cura
Ahora se prolongue durante aburridos días
¡El divino bálsamo esta allí, tan divino que Epicuro
hubiera debido inventarlo para el uso de los Dioses!

¡Siento que circula, que me penetra!
Del espíritu y del cuerpo un inexplicable bienestar,
es la calma absoluta en la serenidad.

Ah, pínchame cien veces con tu fina aguja
Y te bendeciré cien veces, Santa Morfina,
De la cual Esculapio haya hecho una Divinidad.

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A MI QUERIDA MADRE

Corre, oh, mi pequeño en los brazos de tu madre
Sufrimientos y languidez, pena, dolor amargo,
Para darte la vida, todo lo ha soportado
Y nueve meses en su seno tu madre te ha llevado
Cerca de su cuna, ¿no ha velado sin cesar
A ese tierno pequeño, el objeto de su ternura?
Separa con cuidado durante tu dulce sueño
El insecto que pudiera herir tu cuello bermellón

¡Qué gran fatiga ha soportado!
¡Qué de cuidados para su hijo en su primer año!
Después cultiva con esmero su espíritu
Le enseña la virtud, lo dirige, lo instruye.
Eso es lo que te ha hecho tu bondadosa madre.
Pruébale mi pequeño este reconocimiento
Que debe inspirarte a dar cuidados tan generosos
Que ese día entre todos le sea el más feliz.

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