9 Cuentos de Alejandro Jodorowsky 

ARTE MARCIAL

Una vez le preguntaron a un guerrero invencible por qué se paseaba por las calles con un aire tan humilde. Mostró una mano extendida y contestó: “Mis dedos son cinco señores. Estos cinco señores se inclinan ante mí”. Fue cerrando la mano hasta convertirla en un puño. “Mientras más humildes se hacen, más fuerza me dan.”

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MALA SUERTE

Caminando por la selva se topa con un león dormido. Poniéndose de rodillas ante él, murmura: “Por favor, no me comas”. La bestia sigue roncando. Esta vez grita: “¡Por favor, no me comaaas!”. El animal no se da por enterado. Temblando, le abre las mandíbulas y acerca su cara a los colmillos para volver a gritar el ruego. Inútil. La fiera no despierta. Histérico, comienza a darle patadas en el trasero: “¡No me comas! ¡No me comas! ¡No me comas!”. El león se despierta, salta sobre él y, furioso, comienza a devorarlo. El hombre se queja: “¡Qué mala suerte tengo!”.

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CON TRISTEZA

Con tristeza, el camaleón se dio cuenta que para conocer su verdadero color, tendría que posarse en el vacío.

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VIDA DEBAJO

El hombre tímido decidió vivir bajo un elefante. Entre las cuatro poderosas patas, protegido por el cuerpo gris, se encaminaba a su trabajo. El paquidermo, dominado por la voluntad humana, obedecía como un automóvil. Las cosas transcurrían como de costumbre, en la oficina, en el hogar, en los paseos por el parque. Claro está que nadie osaba acercarse a nuestro hombre. Desviaban su mirada y se hacían los desentendidos. Comenzó a sentirse solo. Sufrió intensamente hasta que encontró a una mujer tímida y solitaria que marchaba bajo una jirafa. Como los dos animales eran incompatibles, comenzaron a vivir juntos bajo una nube a la que durante largos años impidieron disolverse en lluvia.

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LAS ARAÑAS SIN MEMORIA

Nadie sabe por qué las arañas olvidaron cómo construir sus telas. Se pusieron muy activas, sus patas se fortificaron y aprendieron a cavar habitaciones bajo la tierra. Pero esa vida oscura no les correspondía. Sentían una inexplicable comezón en las patas y hacían sin cesar gestos de urdir. Comenzaron a fabricar telas que no eran redondas, ni pegajosas, ni transparentes, ni servían para cazar insectos y con orgullo las llamaron “Arcanas”. Fueron acumulándolas en museos, luego en templos. De pronto una araña recuperó la memoria y se puso a tejer, en un rincón del túnel central, una tela redonda, pegajosa, transparente. Las otras arañas armaron un gran escándalo, destruyeron esa “aberración” y encarcelaron a la ciudadana por haber osado ensuciar la ciudad.

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PADRE FIEL

El príncipe abandonó el reino pensando que el rey no lo amaba. Galopó sombrío hasta los confines de la Tierra, creyendo con dolor que su padre no notaría su ausencia. Si hubiera girado la cabeza, se habría dado cuenta que el rey lo seguía a una corta distancia, no osando perturbar su carrera.

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OJOS QUE NO VEN

Un insensato, viendo a un hombre santo caminar en la noche alumbrando con gran dificultad el camino para no matar a las hormigas que lo atravesaban, le dijo: “¡Oh virtuoso varón, yo puedo solucionar su problema: apaga tu vela, marcha en la oscuridad y ya no tendrás remordimientos!”.

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LA SOLUCIÓN PERFECTA

La fábrica lanzaba un humo pestilente que impregnaba toda la aldea. Los habitantes, cansados de soportar el hedor, invadieron la carretera nacional enarbolando letreros de protesta. Las autoridades se vieron obligadas a escucharlos, pero trasladar esa industria o clausurarla, como ellos exigían, ocasionaría al Gobierno una pérdida enorme. El ministro de economía encontró la solución perfecta: mediante una simple operación en la nariz de cada aldeano hizo que se les eliminara el sentido del olfato.

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DELIRIO DE GRANDEZA

Un yesero carga un Cristo para llevarlo a una iglesia. Ve que a su paso por la calle los ciudadanos se prosternan. Cree que es un homenaje dedicado a su persona. Se siente divino. Quiebra la escultura y abre los brazos. No comprende por qué lo apedrean.

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