Esopo  

ZEUS Y LOS HOMBRES

Zeus, después de modelar a los hombres, encargó a Hermes que les distribuyera la inteligencia. Hermes partió la inteligencia en partes iguales para todos y vertió a cada uno la suya.

Sucedió con esto que los hombres de poca estatura, llenos por su porción, fueron hombres sesudos, mientras que a los hombres de gran talla, debido a que la porción no llegaba a todas las partes de su cuerpo, les correspondió menos inteligencia que a los otros.

Moraleja: No es la apariencia de grandeza lo que confiere grandeza, es lo que está por dentro y no se aparenta, lo que nos hace ser lo que realmente somos.

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EL DEUDOR ATENIENSE

Un ateniense endeudado, apremiado por su acreedor para que le pagara su deuda, le pidió a éste que le concediera un corto plazo con el pretexto de que se hallaba en apuro; mas no logrando convencerle, trajo la única marrana que poseía, disponiéndose a venderla en presencia de su acreedor.
Llegó un comprador preguntando si la marrana era fecunda.
- Tan fecunda es - respondió el deudor- que hasta es extraordinaria: en los Misterios pare hembras y en las Anateneas pare machos.

Asombrado el comprador por lo que oyó, el deudor le exclamó:
- ¡No te asombres tanto aún, porque esta marrana, además, te dará cabritos en las Dionisíacas!

Moraleja: La desesperación es causa de grandes mentiras.

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EL PÍCARO

Un pícaro se comprometió a demostrar que el oráculo de Delfos mentía.
Llegó el día señalado y el pícaro tomó un pajarito y, escondiéndolo bajo de su manto, se dirigió al templo.
Encarándose ante el oráculo preguntó si lo que tenía en la mano era un ser vivo o era inanimado. Si el dios decía «inanimado», el hombre mostraría al pajarito vivo; si decía «vivo», lo enseñaría muerto, después de haberlo ahorcado.

Pero el dios, viendo de lo que se trataba con esa malvada intención, respondió:
- Deja tu engaño, pícaro, pues bien sabes que de tí depende que lo que tienes en la mano se muestre muerto o vivo.

Moraleja: El poder divino no es para llevarle al engaño.

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EL LABRADOR Y LA CIGÜEÑA

Un Labrador colocó trampas en su terreno recién sembrado y capturó un número de grullas que venían a comerse las semillas. Pero entre ellas se encontraba una cigüeña, la cual se había fracturado una pata en la trampa y que insistentemente le rogaba al labrador le conservara la vida:

- Te ruego me liberes, amo – decía, - sólo por esta vez. Mi quebradura exaltará tu piedad, y además, yo no soy grulla, soy una cigüeña, un ave de excelente carácter, y soy muy buena hija. Mira también mis plumas, que no son son como las de esas grullas.

El labrador riéndose dijo:

- Será todo como lo dices, pero yo sólo sé esto:
Te capturé junto con estas ladronas, las grullas, y por lo tanto te corresponde morir junto con ellas.

Moraleja: Quien se asocia con el malvado, con él perece.

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EL PESCADOR Y EL PECECILLO

Un pescador, después de lanzar su red la mar, pescó solamente un pececillo. Suplicó éste al pescador que le dejara por el momento en gracia de su pequeñez:
- Cuando sea mayor, podrás pescarme de nuevo, y entonces seré para ti de más provecho -, propuso el pececillo.
- ¡Hombre —replicó el pescador—, bien tonto sería soltando la presa que tengo en la mano para contar con la presa futura, por grande que sea!.

Moraleja: Más vale una moneda en la mano, que un tesoro en el fondo del mar.

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MEJOR ES MORIR DE UNA VEZ...

Mejor es morir de una vez que estar siempre temiendo por la vida.

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EL PERRO Y LA LIEBRE

Un perro de caza atrapó un día a una liebre, y a ratos la mordía y a ratos le lamía el hocico. Cansada la liebre de esa cambiante actitud le dijo:
- ¡Deja ya de morderme o de besarme, para saber yo si eres mi amigo o si eres mi enemigo!

Moraleja: Sé siempre consistente en tus principios.

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EL CANOSO Y SUS DOS PRETENDIENTES

Un hombre ya canoso tenía dos pretendientes, una joven y otra más vieja.

Apenada la de mayor edad de tratar con un hombre más joven que ella, cada vez que él la visitaba le quitaba los cabellos negros. A su vez la más joven, no queriendo tener por amante a un hombre viejo, le arrancaba los cabellos canos.

Con esto sucedió que el hombre, pelado alternativamente por una y por la otra, se quedó completamente calvo.

Moraleja: Lo que mal se distribuye, mal se retribuye.

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LOS SACERDOTES DE CIBELES

Unos sacerdotes de Cibeles tenían un asno al que cargaban con sus bultos cuando se ponían en viaje. Un día por fatiga se murió el asno, y desollándolo, hicieron con su piel unos tambores, de los cuales se sirvieron. Habiéndoles encontrado otros sacerdotes de Cibeles, les preguntaron que dónde estaba su asno.
- Muerto - les dijeron -; pero recibe más golpes ahora que los que recibió en su vida.

Moraleja: Mucha gente dice haberse retirado de su hábito, pero no se da cuenta de que su hábito no se retiró nunca de él.

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ZEUS JUEZ

Decidió Zeus en pasados tiempos que Hermes grabase en conchas las faltas de los hombres, depositando estas conchas a su lado en un cofre para hacer justicia a cada uno. Pero las conchas se mezclan unas con otras, y unas que llegaron después que otras, pasan antes por manos de Zeus para sufrir sus justas sentencias.

Moraleja: Por eso no nos incomodemos cuando los malhechores no reciben pronto su merecido castigo. Tarde o temprano les llegará su turno.

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Desde el 231 hasta el 240 de un total de 294 obras de Esopo

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