Juan Ramón Jiménez 

LAS TARDES DE ENERO

Va cayendo la noche: La bruma
ha bajado a los montes el cielo:
Una lluvia menuda y monótona
humedece los árboles secos.
El rumor de sus gotas penetra
hasta el fondo sagrado del pecho,
donde el alma, dulcísima, esconde
su perfume de amor y recuerdos.
¡Cómo cae la bruma en en alma!
¡Qué tristeza de vagos misterios
en sus nieblas heladas esconden
esas tardes sin sol ni luceros!
En las tardes de rosas y brisas
los dolores se olvidan, riendo,
y las penas glaciales se ocultan
tras los ojos radiantes de fuego.
Cuando el frío desciende a la tierra,
inundando las frentes de invierno,
se reflejan las almas marchitas
a través de los pálidos cuerpos.
Y hay un algo de pena insondable
en los ojos sin lumbre del cielo,
y las largas miradas se pierden
en la nada sin fe de los sueños.
La nostalgia, tristísima, arroja
en las almas su amargo silencio,
Y los niños se duermen soñando
con ladrones y lobos hambrientos.
Los jardines se mueren de frío;
en sus largos caminos desiertos
no hay rosales cubiertos de rosas,
no hay sonrisas, suspiros ni besos.
¡Como cae la bruma en el alma
perfumada de amor y recuerdos!
¡Cuantas almas se van de la vida
estas tardes sin sol ni luceros!

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LE DIJE QUE IBA A BESARLA...

Le dije que iba a besarla; bajó, serena, los ojos y me ofreció sus mejillas como quien pierde un tesoro. ("Adolescencia")

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EN LA ARDENTÍA DEL PLACER ME HAS DESNUDADO

En la ardentía del placer me has desnudado
todo: tus senos tibios, dulces como la muerte,
tus brazos imprevistos con sus hierbas de luto,
la misteriosa pesadilla de tu vientre…

El placer ha sentido todo, bajo sus manos,
bajo sus labios, bajo sus fantasías, entre
la locura sin nombre de todos los ardores
un fuego de colores en un fuego de fiebres.

Luego, un pudor que torna de tu inocencia antigua
te hace, si te sonrío, rojecer levemente
y te arreglas tus faldas y te guardas tus pechos
confusa, con un aire dulce y adolescente.

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FORMA DEL HUIR

Mariposa de luz, la belleza se va cuando yo llego a su rosa.

Corro, ciego, tras ella... La medio cojo aquí y allá...

¡Sólo queda en mi mano la forma de su huida!

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DESVELO MAYOR

No duermes. No. No duermo. Nos estamos hablando en las estrellas.
Somos aquí dos glorias reflejadas en la paz de la tierra.

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EL INTERESADO

Quiero que tú no me olvides.
Y ya no me acuerdo yo del mí de ayer.

Quiero que tú no me olvides.
Y ya casi no me acuerdo de los dos hoy.

Quiero que tú no me olvides.
Y apenas me acuerdo ya de ti mañana.

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CUANDO TE LEVANTABA LAS FALDAS PERFUMADAS

Cuando te levantaba las faldas perfumadas
roja, como una rosa, tu cara era una risa;
tus ojos negros eran más negros y más blandos,
todo el aroma de tu cuerpo se encendía.

Y sobre la locura del instante del estío
te cegaba los ojos tu cabellera tibia.
Un mohín de fastidio replegaba tu labio
y mostrabas tus dientes de luminosa china…

Nunca el reproche tuvo tibieza ni amargura,
te dabas toda porque sí, porque querías,
y las rosas quemadas de tu jardín con sol
ornaban con fragancia de oro tu fatiga.

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ROSA YO ALA

A veces siento en mí
como la rosa que seré un día,
como el ala que seré un día.

Y una errancia me coje ajena y mía,
mía y de ala;
y una esencia me envuelve ajena y mía,
de rosa y mía.

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Desde el 41 hasta el 48 de un total de 48 obras de Juan Ramón Jiménez

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