4 Poemas de R. Redoli 

EL QUE ACERTABA EL MENÚ DE CADA DÍA

Frecuentaba una venta cada día
un tipo que, a la hora de almorzar,
con sólo su cubierto olfatear
acertaba el menú que se ofrecía.

Oliendo la cuchara, se expresaba:
"Sopa de picadillo de primero,
y sopa de tomate al modo arriero."
Y oliendo el tenedor manifestaba:

"Chuletas o costillas de ternera
con pimientos morrones para asar,
y tostón segoviano al acueducto..."

Y, así, lo adivinaba a la primera.
Se dijo que su acierto era producto
de algún truco de magia o del azar.

Y adivinaba el postre y la bebida,
por lo que fue famoso y con razón.
Al dueño le aburrió la situación
y preparó una trampa bien urdida:

Le pidió a su mujer que se pasara
un cubierto completo por tal parte
y luego lo pusiera, con gran arte,
al cliente en la mesa que ocupara.

Y así lo hizo. Y acudió el asiduo
que empezó, como siempre, a olisquear,
mas en su olfato no encontró residuo

de condumio ni nada que yantar.
Al cabo, preguntó con gesto raro:
"¿Desde cuándo trabaja aquí la Charo?"

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EL TUERTO QUE FUE A ROBAR LIMONES

A un campo de limones en sazón
llegaron dos amigos de lo ajeno,
con la esperanza de llevarse lleno
un talego más grande que un serón.

La noche hace propicia la excursión.
El temple de los dos parece bueno.
El uno se adelanta y ya, sin freno,
ataca a un limonero con fruición.

El otro se aventura y, como es tuerto,
se encarama a una rama sin acierto:
"Compadre, vámonos que ya estoy listo."

"¿Tan pronto, compañero, das de mano?
-dice Juan." Y respóndele Evaristo:
"Con la rama he perdido el ojo sano."

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DEL QUE SABÍA EL ORIGEN DE LOS POLLOS

Un restaurante nuevo y bien montado
prosperó por la idea original
de anunciar de manera habitual:
Pollos de cualquier granja del Estado.

Un tipo pecosillo y remilgado,
experto en pollos y aves de corral,
entró para comer en el hostal
y ver si era verdad lo divulgado.

Sentóse en una mesa retirada
y, en cuanto se acercó el buen camarero:
"Nada de carta -dijo el pinturero-,
me va a servir un pollo de Igualada.
Pero tráigalo crudo y todo entero;
quiero ver si es correcta la nidada."

El probo camarero, aunque se extraña
al oír que le piden pollo crudo,
no pierde la mesura. Mas no es mudo
y pregona el encargo de esta maña:

"Marchándome un pollito de Igualada,
ni asado, ni al ajillo, ni en salsita,
lo quiero casi vivo y con crestita,
entero y en porretas. ¡Casi nada!"

El jefe de cocina toma nota y saca
de una caja un pollo entero.
"Aquí lo tienes, muerto y en pelota

-le dice con guasita al camarero-.
A ver si se le ofrece al caballero
que se lo sirva al horno en papíllota."

El camarero coge el encarguito
y lo lleva solicito al cliente:
"su pollo, caballero. Estoy pendiente
de si lo quiere, asado, en salsa, frito..."

"Aguarde, camarero, un momentito
que compruebe el origen del paciente."
Dicho esto, introduce suavemente el dedo
en el trasero del pollito.

"Camarero, este pollo es de Vallecas,
lo noto por el tacto del trasero,
y yo he pedido un pollo de Igualada."

"Vaya con el maromo de las pecas.
A ver qué dice ahora el cocinero
del origen del pollo y la pollada."

El jefe de cocina, mosqueado,
verifica el origen de aquel pollo:
Procedencia Vallecas ¡Vaya rollo!
¿Será casualidad que haya acertado?

Luego le sirven otro, y otro y nada.
El pecas acertó la procedencia
valiéndose del dedo como ciencia:
"Es pollo de Jaén, de Ponferrada.." .

Un cliente borracho y apenado,
testigo del asunto del pollito,
le dijo balbuciente al entendido:

"Tres noches y tres días he pasado
buscando a mi familia. ¡Me he perdido!
¿Podría usted probar con el dedito?"

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EL LABRIEGO Y LOS ENANOS

Se cuenta que hasta un pueblo recoleto,
después de recorrer largo camino,
acercóse un labriego hasta el casino
para echarse unas copas al coleto.

Una vez en la barra, el buen paleto,
y tras libar dos vasos de buen vino
(bien pudo ser un blanco, un tinto, un fino),
repara y ve el local casi repleto.

Cuatro enanos celebran una chanza,
otros tantos le dan al dominó,
una enana da el pecho a un pequeñín...

El rústico pregunta: "¿Es que hay mudanza?"
Y no espera a escuchar ni el sí ni el no:
"Como está desarmado el futbolín..."

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