Theodore Roethke 

CASA ABIERTA

Mis secretos gritan fuerte.
No tengo necesidad de lengua.
Mi corazón ofrece hospitalidad,
Mis puertas se abren libremente.
Una épica de los ojos
Mi amor, sin ningún disfraz.

Mis verdades están todas previstas,
Esta angustia revelada a sí misma.
Estoy desnudo hasta los huesos,
Con la desnudez me escudo.
Lo que uso es el mí mismo:
Conservo sobrio el espíritu.

La ira permanecerá,
Los actos dirán la verdad
En lenguaje exacto y puro
Detengo la engañadora boca:
La furia reduce mi más claro grito
A una agonía tonta.

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EL DIAMANTE

El pensamiento no puede triturarse.
La gran maza se abate en vano.
La verdad no se desmembra nunca;
Su armazón permanece.

Los dientes de entrelazados engranajes
Giran lentamente en la noche,
Pero la verdadera sustancia resiste
Al peso del martillo.

La presión no puede romper
Un centro tan congelado;
La herramienta no arranca ni una astilla;
El núcleo queda sellado.

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INTERLUDIO

El elemento del aire era incontenible.
El ímpetu del viento rasgó las tiernas hojas
Arrojándolas en confusión sobre la tierra.
Esperamos las primeras gotas de lluvia en los aleros.

El caos crecía al tiempo que la luz
Mermaba bajo un cielo compacto.
Una noche innatural dilató nuestras pupilas,
Pero el camino y el polvoriento campo permanecieron secos.

La lluvia quedóse en la nube; fue casi oscuro;
El viento yació inmóvil entre las altas hierbas.
Las venas de las manos traicionaban nuestro miedo.
Lo que habíamos esperado no había acontecido.

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LAS COSAS BUENAS LES PASAN A...

Las cosas buenas les pasan a los hombres felices.

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CLAVELES

Pálidas flores, cada una en equilibrio sobre un tallo articulado,
las hojas enrulándose hacia atrás en primorosas volutas corintias;
y el aire frío, como si goteara desde húmedos abetos,
o brotara de helechos no lejanos del agua,
una picante frescura de jacinto,
igual que aquel claro tiempo otoñal de eternidad,
la perenne mañana sin viento sobre una nube de septiembre.

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NIÑO SOBRE EL TECHO DE UN INVERNÁCULO

¡El viento hinchando los fondillos de mis pantalones,
mis pies haciendo crujir astillas de vidrio y masilla seca,
los crisantemos a medio crecer mirando hacia arriba como acusadores,
a través del vidrio estriado, fulgurando al sol,
unas pocas nubes blancas agolpándose hacia el este,
una hilera de olmos embistiendo y corcoveando como caballos,
y todos, todos señalando hacia arriba y gritando!

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VACIADERO DE FLORES

Cañas brillantes como escorias,
tallos como babosas,
enteras camadas de flores arrojadas en montón,
claveles, verbenas, cosmos,
abono, malezas, hojas muertas,
raíces desventradas,
con venas descoloridas
entrelazadas como finos cabellos,
cada masa con la forma de un tiesto,
todo fláccido
salvo un tulipán en la cumbre,
una cabeza jactanciosa
sobre lo agonizante, lo recién muerto.

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ORQUÍDEAS

Se inclinan sobre el sendero,
bocas de serpiente,
balanceándose cerca de tu rostro,
creciendo, suaves y engañosas,
flexibles y húmedas, delicadas
como lengua de un pájaro joven;
sus labios vellosos palpitantes
se mueven con lentitud,
aspirando el aire cálido.

Y de noche,
cuando la luna desfallece entre enjalbegados vidrios,
y el calor desciende,
entonces el almizclado perfume se hace más intenso,
goteando desde sus musgosas cunas.
¡Tantos voraces recién nacidos!
muelles dedos luminiscentes,
labios ni muertos ni vivos,
sueltas bocas espectrales
que respiran.

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MACABRO EPIDÉMICO

Indecoroso es aquel que aborrece
la apariencia de su envoltura carnal,
el tejido fugaz cosido sobre el hueso,
la vestidura del esqueleto,
el ropaje ni vellón ni pelo,
la capa del mal y la desesperación,
el velo largamente violado
por las caricias de la mano y del ojo.
Sin embargo, tal es mi indignidad:
odio mi vestido epidérmico,
la salvaje obscenidad de la sangre,
los andrajos de mi anatomía,
y voluntariamente haría caso omiso
de los falsos atavíos del sentido,
para dormir impúdicamente, como el más
encarnado y carnal espectro.

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Desde el 1 hasta el 9 de un total de 9 obras de Theodore Roethke

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