José Hernández 

EL CARPINTERO

Al compás de su herramienta
Mientras trabaja afanoso
Así sus desdichas cuenta,
Así canta y se lamenta
Un carpintero amoroso.

«Es mi vida su mirada,
Y cuando su voz escucho,
Siento mi alma arrebatada
De tierno gozo inundada....
— Muchacho, trae el serrucho,

«Brotan de sus ojos bellos
Penetrando el corazón
Esos fúlgidos destellos
Y absorto me quedo en ellos....
Muchacho, trae el formón.

«De sus labios de granada
Se escapa de amor el soplo,
Y es ondeante y perfumada
Su cabellera rizada...
Muchacho, trae el escoplo.

«Y mi vida antes serena
Tornóse agitada y turbia
Cambióse el placer en frena,
De amor gimo en la cadena,
Muchacho, traeme la gurbia.

«Y cariñoso con ella
Inocente el cefirillo
Juega al mirarla tan bella
Fulgente como una estrella,
Muchacho, trae el cepillo.

«Por ella es este dolor
Por ella siento esta pena,
Y ella con su cruel rigor
Desdeña, ¡ingrata! mi amor:
Muchacho, trae la barrena.»

Y amante sigue sus llantos
Y sus eternas disputas
Aliviando sus quebrantos
Con sus amorosos cantos
Entre tablas y virutas.

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EL JUGADOR (LA VUELTA DE MARTÍN FIERRO)

- 880 -
Andube como pelota,
y más pobre que una rata.
Cuando empecé a ganar plata
se armó no sé qué barullo.
Yo dije: a tu tierra grullo
aunque sea con una pata.

- 881 -
Eran duros y bastantes
los años que allá pasaron.
Con lo que ellos me enseñaron
formaba mi capital.
Cuanto vine me enrolaron
en la Guardia Nacional.

- 882 -
Me había egercitao al naipe,
el juego era mi carrera;
hice alianza verdadera
y arreglé una trapisonda
con el dueño de una fonda
que entraba en la peladera.

- 883 -
Me ocupaba con esmero
en floriar una baraja,
él la guardaba en la caja
en paquetes como nueva;
y la media arroba lleva
quien conoce la ventaja.

- 884 -
Comete un error inmenso
quien de la suerte presuma,
otro más hábil lo fuma,
en un dos por tres, lo pela;
y lo larga que no vuela
porque le falta una pluma.

- 885 -
Con un socio que lo entiende
se arman partidas muy buenas,
queda allí la plata agena.,
quedan prendas y botones;
siempre cain a esas riuniones
sonzos con las manos llenas.

- 886 -
Hay muchas trampas legales,
recursos del jugador.
No cualquiera es sabedor
a lo que un naipe se presta.
Con una ''cincha'' bien puesta
se la pega uno al mejor.

- 887 -
Deja a veces ver la boca
haciendo el que se descuida.
Juega el otro hasta la vida
y es siguro que se ensarta,
porque uno muestra una carta
y tiene otra prevenida.

- 888 -
Al monte, las precauciones
no han de olvidarse jamás.
Debe afirnarse a demás
los dedos para el trabajo
y buscar asiento bajo
que le dé la luz de atrás.

- 889 -
Pa tayar, tome la luz,
dé la sombra al alversario,
acomódese al contrario
en todo juego cartiao;
tener ojo egercitao
es siempre muy necesario.

- 890 -
El contrario abre los suyos,
pero nada ve el que es ciego.
Dándole soga, muy luego
se deja pezcar el tonto.
Todo chapetón cree pronto
que sabe mucho en el juego.

- 891 -
Hay hombres muy inocentes
y que a las carpetas van.
Cuando asariados están,
les pasa infinitas veces,
pierden en puertas y en treses,
y dándoles mamarán.

- 892 -
El que no sabe, no gana
aunque ruegue a Santa Rita.
En la carpeta a un mulita
se le conoce al sentarse.
Y conmigo, era matarse,
no podían ni a la manchita.

- 893 -
En el nueve y otros juegos
llevo ventaja no poca,
y siempre que dar me toca
el mal no tiene remedio,
porque sé sacar del medio
y sentar la de la boca.

- 894 -
En el truco, al más pintao
solía ponerlo en apuro;
cuando aventajar procuro,
sé tener, como fajadas,
tiro a tiro el as de espadas,
o flor, o envite seguro.

- 895 -
Yo sé defender mi plata
y lo hago como el primero.
El que ha de jugar dinero
preciso es que no se atonte.
Si se armaba una de monte,
tomaba parte el fondero.

- 896 -
Un pastel, como un paquete,
sé llevarlo con limpieza;
dende que a salir empiezan
no hay carta que no recuerde;
Sé cuál se gana o se pierde
en cuanto cain a la mesa.

- 897 -
También por estas jugadas
suele uno verse en aprietos;
mas yo no me comprometo
porque sé hacerlo con arte,
y aunque les corra el descarte
no se descubre el secreto.

- 898 -
Si me llamaban al dao
nunca me solía faltar
un cargado que largar,
un cruzao para el más vivo;
y hasta atracarles un chivo
sin dejarlos maliciar.

- 899 -
Cargaba bien una taba
porque la sé manejar;
no era manco en el billar,
y por fin de lo que esplico,
digo que, hasta con pichicos,
era capaz de jugar.

- 900 -
Es un vicio de mal fin,
el de jugar, no lo niego;
todo el que vive del juego
anda a la pezca de un bobo,
y es sabido que es un robo
ponerse a jugarle a un ciego.

- 901 -
Y esto digo claramente
porque he dejao de jugar;
y les puedo asigurar
como que fui del oficio:
más cuesta aprender un vicio
que aprender a trabajar.

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CUENTA SU VIDA EN LA PAMPA (LA VUELTA DE MARTÍN FIERRO)

De ese modo nos hallamos
Empeñaos en la partida
No hay que darla por perdida
Por dura que sea la suerte;
Ni que pensar en la muerte,
Sinó en soportar la vida.

Se endurece el corazon
No teme peligro alguno
Por encontrarlo oportuno
Allí juramos los dos:
Respetar tan solo á Dios
De Dios abajo, á ninguno.—

El mal es árbol que crece
Y que cortado retoña—
La gente esperta ó visoña
Sufre de infinitos modos—
La tierra es madre de todos,
Pero tambien dá ponzoña.

Mas todo varon prudente
Sufre tranquilo sus males—
Yo siempre los hallo iguales
En cualquier senda que elijo—
La desgracia tiene hijos
Aunque ella no tiene madre.—

Y al que le toca la herencia
Donde quiera halla su ruina—
Lo que la suerte destina
No puede el hombre evitar—
Porque el cardo ha de pinchar
Es que nace con espina.

Es el destino del pobre
Un continuo safarrancho,
Y pasa como el carancho
Porque el mal nunca se sacia,
Si el viento de la desgracia
Vuela las pajas del rancho.

Mas quien manda los pesares
Manda tambien el consuelo—
La luz que baja del cielo
Alumbra al mas encumbrao,
Y hasta el pelo mas delgao
Hace su sombra en el suelo.

Pero por mas que uno sufra
Un rigor que lo atormente
No debe bajar la frente
Nunca—por ningun motivo—
El álamo es mas altivo
y gime costantemente.



El indio pasa la vida
Robando ó echao de panza—
La única ley es la lanza
A que se ha de someter—
Lo que le falta en saber
Lo suple con desconfianza.

Fuera cosa de engarzarlo
A un indio caritativo—
Es duro con el cautivo,
Le dan un trato horroroso—
Es astuto y receloso,
Es audaz y vengativo—

No hay que pedirle favor
Ni que aguardar tolerancia—
Movidos por su inorancia
y de puro desconfiaos—
Nos pusieron separaos
Bajo sutil vigilancia—

No pude tener con Cruz
Ninguna conversacion—
No nos daban ocasion,
Nos trataban como agenos—
Como dos años lo menos
Duró ésta separacion.

Relatar nuestras penurias
Fuera alargar el asunto—
Les diré sobre este punto
Que á los dos años recien
Nos hizo el cacique el bien
De dejarnos vivir juntos.

Nos retiramos con Cruz
A la orilla·de un pajal—
Por no pasarlo tan mal
En el desierto infinito,
Hicimos como un bendito
Con dos cueros de bagual.

Fuimos á esconder alli
Nuestra pobre situacion
Aliviando con la union
Aquel duro cautiverio—
Tristes como un cementerio,
Al toque de la oracion.

Debe el hombre ser valiente
Si á rodar se determina,
Primero, cuando camina;
Segundo, cuando descansa,
Pues en aquellas andanzas
Perece el que se acoquina.

Cuando es manso el ternerito
En cualquier vaca se priende—
El que es gaucho esto lo entiende
y há de entender si le digo,
Que andabamos con mi amigo
Como pan que no se vende.

Guarecidos en el toldo
Charlabamos mano á mano—
Eramos dos veteranos
Mansos pa las sabandijas,
Arrumbaos como cubijas
Cuando calienta el verano.

El alimento no abunda
Por mas empeño que se haga;
Lo pasa uno como plaga,
Egercitando la industria—
Y siempre como la nutria
Viviendo á orillas del agua.

En semejante ejercicio
Se hace diestro el cazador—
Cai el piche engordador,
Cai el pájaro que trina—
Todo vicho que camina
Va á parar al asador—

Pues alli á los cuatro vientos
La persecucion se lleva,
Naide escapa de la leva
y dende que la alba asoma
Ya recorre uno la loma,
El bajo, el nido, y la cueva.

El que vive de la caza
A cualquier vicho se atreve—
Que pluma ó cáscara lleve,
Pues cuando la hambre se siente
El hombre le clava el diente
A todo lo que se mueve.

En las sagradas alturas
Está el maestro principal,
Que enseña á cada animal
A procurarse el sustento
Y le brinda el alimento
A todo ser racional.—

Y aves, y vichos y pejes,
Se mantienen de mil modos;
Pero el hombre en su acomodo
Es curioso de oservar:
Es el que sabe llorar—
Y es el que los come á todos.

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UN PADRE QUE DA CONSEJOS MÁS...

Un padre que da consejos, más que padre es un amigo.

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LOS DOS BESOS

Volaron aquellas horas
En que la mente delira:
Sin cuerdas está mi lira
Y sin fuego el corazón.
Y pues que cantar no puedo
Tus encantos y embelesos,
A una historia de dos besos
Presta, niña, tu atención.

En los inmensos espacios
Dos besos que iban errantes,
Vagos, perdidos, flotantes,
Se llegaron á encontrar.
Y al tocarse levemente,
Yerto el uno y maldecido,
Tembló el otro, como herido
Por aquel roce fatal.

Y entre el éter de las nubes,
Dó el trueno tiene su cuna,
Un tibio rayo de luna
Los ilumina á los dos.
Y el silencio interrumpiendo
Que en los espacios reinaba,
Un génio que allí pasaba
Oyó la siguiente voz:

—¿Quién eres?
— ¿A donde vas
Por el espacio infinito?
— Tan fresco tú.
— Tú marchito
— ¿De donde saliste, dí?
— Yo soy ternura.
— Yo rábia.
— Yo dulzura.
— Yo dolor.
— Yo soy hijo del amor.
— Yo del ódio y frenesí.
— Yo vierto una alma en otra alma
Divinizando las dos:
Soy el hábito de Dios,
Soy inocencia y virtud.
Y yo soy remordimiento,
Infamia, oprobrio, perfidia:
Soy maldición, soy envidia,
Y perversa ingratitud.

— Yo soy perfume suave,
Soy celestial armonía,
Soy placer, soy alegría,
Soy esperanza que brota.
— Yo soy maldición, blasfemia,
Soy rencor de furias lleno,
Soy para el alma, veneno
Que destila gota á gota.

— Yo soy pureza y esencia.
— Yo crímen y falsedad.
— Yo salvé á la humanidad.
— Yo á la humanidad perdí.
— Soy yo de orígen divino.
— A mí el infierno me hizo.
— Yo nací en el Paraíso.
— Yo en Jerusalen nací.

— Yo soy virtud
— Yo maldad.
— Yo inocencia
— Yo delito.
— Yo soy deleite infinito.
— Yo soy infinito horror.
— Digámosnos, pues, quién somos,
Y así saldremos de dudas.
— Yo soy el beso de Judas.
— Yo el primer beso de Amor.

Y los dos al separarse,
Para seguir su camino
Por un mandato Divino
Se miraron con horror.

— ¡Adiós! yo busco en el mundo
Odios, venganzas, agravios!....
Y yo unos cándidos lábios
Que me den vida y calor.

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1150 (LA VUELTA DE MARTÍN FIERRO)

Al que es amigo, jamás
lo dejen en la estacada,
pero no le pidan nada
ni lo aguarden todo de él:
siempre el amigo más fiel
es una conducta honrada.

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GRACIAS LE DOY A LA VIRGEN...

Gracias le doy a la Virgen, gracias le doy al Señor, porque entre tanto rigor y habiendo perdido tanto, no perdí mi amor al canto ni mi voz como cantor.

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SÓLO LOS COBARDES SON VALIENTES CON...

Sólo los cobardes son valientes con sus mujeres.

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CANTARES

Yo tengo entre mis libros
Un libro viejo
Que una vieja lo mira
Con espejuelos.
Y tengo un libro
Que lo ve una muchacha:
Con ojos lindos —

La viejita leyendo
Pasa el día entero,
Y da vueltas las hojas
Con dedos secos;
Pero la otra
Tiene para las suyas
Dedos de rosa.

A las unas les gustan
Crónicas viejas
Y gustan á las niñas
Lindas novelas—
Mas no me asusto
De que tengan entre ellas
Distintos gustos.

Y para que no digan
Que es impolítico.
Después de estas verdades
Haré un cumplido
Las viejas, vivan!
Que son madres ó abuelas
De lindas niñas.

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EL VIEJO Y LA NIÑA

Cruza un arroyo inocente
Sobre un campo de esmeralda,
Y á su orilla crece un sauce
Reflejándose en sus aguas.
En sus trasparentes ondas,
Serenas, limpias y mansas.
Varios descuidados cisnes
Su blanco plumaje, bañan.
Los pintados pajarillos,
Saltando de rama en rama,
Enamorados y alegres,
Con su dulces trinos cantan.
Y las flores caprichosas,
Que crecen entre la grama,
Aquel manto de verdura,
Entapizan y engalanan.
Y las perfumadas brisas,
Al cruzar en ténue calma,
Rozan leve y suavemente,
Agua, cisnes, flor y grama.
Pálido un rayo de sol,
Que se quiebra entre las ramas,
Va á reflejar moribundo
En las cristalinas aguas.
Del verde sauce á la sombra
Un pobre viejo descansa,
Pura la mirada y limpia,
Serena, aunque triste el alma.
A sus trémulas rodillas
Alegre una niña salta,
Y sus sonrosados dedos
Entre sus canas enlaza.
El las huellas de la vida
Muestra en su faz arrugada,
Y ella refleja en su frente
La pureza y la esperanza.
De la sien del viejo penden
Escasas hebras de plata,
Pues deja tan poco el mundo
Que hasta deja pocas canas.
Y ella los sedosos rizos,
Flotantes sobre la espalda,
Por la brisa acariciados
No suelta, sino derrama.
El es la verdad del fin,
Es la realidad ingrata;
Y ella es la ilusión risueña
Que dá vida á la esperanza.
El es el árido invierno
Con su nieve y sus escarchas,
Es desierto, soledad,
Repulsión, tinieblas, nada
Y en la senda de la niña,
La primavera derrama
Todas sus galas floridas
Con generosa abundancia.
El es la noche sombría,
Ella la aurora galana,
Ella viene, y el se vá
Libre de congoja el alma.
Ella en su inquieta inocencia
Jugueteando con sus canas
— ¿Por qué motivo, le dice,
Tienes la cabeza blanca?
Fija en la niña el anciano
Pura y serena mirada,
Sus secos labios contrae
Lijera sonrisa amarga,
— ¿No sabes, niña inocente,
No sabes niña adorada,
Que la vida se parece
A la antorcha que se apaga?
Seductoras ilusiones,
Nuestra juventud engañan
Y al retirarse fugaces
El tinte del pelo cambian,
Vienen muchos desencantos
Muere ó se vá la esperanza;
Que la esperanza de ayer
Es desencanto mañana.
Y solo nos deja el mundo
Al terminar la jornada,
Al espíritu congojas
Pero no á los ojos lágrimas,
Solo deja el desengaño
Y tristezas en el alma,
Las arrugas en el rostro
Y en la cabeza las canas!!»
Oyó la niña el sermón
Sin entender ni palabra,
Pues la vida tiene aún
Arcanos que ella no alcanza.
Se fué á arrojar juguetona
Piedrecillas en el agua,
Los cisnes tienden el vuelo
Y el viejo vuelve á su casa.

Las flores siguen creciendo,
Las aguas siguen su marcha,
Sigue el sauce dando sombra,
Sigue el pájaro en sus ramas.
Sigue la brisa apacible
Y al verde follaje arranca
Esa tímida armonía
Que solo percibe el alma.
Mas yo he seguido hasta aquí,
Y es tiempo de decir basta,
Porque las penas son mías
Y soy dueño de ocultarlas.
Yo soy ese pobre viejo
Lleno de arrugas y canas
Y es la niña juguetona,
La lectora de esta fábula.
Guarde ella sus ilusiones,
Yo mis tristezas amargas,
Ella sus blondos cabellos
Y yo mis escasas canas.
Que ya fugaron veloces
Las ilusiones del alma;
Pues ayer compré un billete
Y no me he sacado nada.

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