10 Poemas de Enrique González Martínez 

BUSCA EN TODAS LAS COSAS UN ALMA Y UN SENTIDO

Busca en todas las cosas un alma y un sentido
oculto; no te ciñas a la apariencia vana;
husmea, sigue el rastro de la verdad arcana,
escudriñante el ojo y aguzado el oído.

No seas como el necio, que al mirar la virgínea
imperfección del mármol que la arcilla aprisiona,
queda sordo a la entraña de la piedra, que entona
en recóndito ritmo la canción de la línea.

Ama todo lo grácil de la vida, la calma
de la flor que se mece, el color, el paisaje.
Ya sabrás poco a poco descifrar su lenguaje...
¡Oh divino coloquio de las cosas y el alma!

Hay en todos los seres una blanda sonrisa,
un dolor inefable o un misterio sombrío.
¿Sabes tú si son lágrimas las gotas de rocío?
¿Sabes tú qué secreto va contando la brisa?

Atan hebras sutiles a las cosas distantes;
al acento lejano corresponde otro acento.
¿Sabes tú donde lleva los suspiros el viento?
¿Sabes tú si son almas las estrellas errantes?

No desdeñes al pájaro de argentina garganta
que se queja en la tarde, que salmodia a la aurora.
Es un alma que canta y es un alma que llora...
¡Y sabrá por qué llora, y sabrá por qué canta!

Busca en todas las cosas el oculto sentido;
lo hallarás cuando logres comprender su lenguaje;
cuando sientas el alma colosal del paisaje
y los ayes lanzados por el árbol herido...

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EL ENCUENTRO

Vagábamos sin sentido
en alas de no sé qué;
yo, por algo que se fue;
tú, por algo presentido.
En el sendero perdido
el acaso nos juntó,
y recobrados tú y yo
de la divina sorpresa,
me dije: "Por fin regresa";
pensaste: "Por fin llegó".

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CANCIÓN

Canción para los que saben
lo que es llorar...
¿Quién pudiera darte al viento
e irse al viento en el cantar!

Canción como lluvia fina
sobre el mar,
que se disuelve y es nube
que sube y vuelve a llorar...

Canción que en el alma es lluvia,
canción que es llanto en el mar...
¡Quién pudiera darte al viento
e irse al viento en el cantar!

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VIENES A MÍ

Vienes a mí, te acercas y te anuncias
con tan leve rumor, que mi reposo
no turbas, y es un canto milagroso
cada una de las frases que pronuncias.

Vienes a mí, no tiemblas, no vacilas,
y hay al mirarnos atracción tan fuerte,
que lo olvidamos todo, vida y muerte,
suspensos en la luz de tus pupilas.

Y en mi vida penetras y te siento
tan cerca de mi propio pensamiento
y hay en la posesión tan honda calma,

que interrogo al misterio en que me abismo
si somos dos reflejos de un ser mismo,
la doble encarnación de una sola alma.

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ÁNFORA ROTA

Te resquebrajas,
vida,
como las ánforas
repletas un tiempo
de mirra y de ámbar
y que hoy se arrinconan vacías
y olvidadas...

Vida mía hecha sueño,
te resquebrajas...
Mas aún por la múltiple herida
de tus abras
trasciende el perfume
de las nobles esencias guardadas...

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EL ALMA EN FUGA

Buscaron al romper de la alborada,
mis brazos y mis ojos su presencia,
y sólo hallé, por signo de la ausencia,
el hueco de su sien en la almohada.

Oh, qué correr la angustia desatada,
qué ulular por el llano mi demencia,
qué husmear en los ámbitos la esencia
de la alígera planta perfumada!

Amigos que alabasteis su hermosura,
no a solas me dejéis en la amargura
del trance doloroso e imprevisto...

¡Escrutad el perfil del horizonte!
¡Batid los campos y talad el monte!
¡Decidme, por piedad, si la habéis visto!...

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SOLEDAD TARDÍA

Soledad, bien te busqué
mientras tuve compañía...
Soledad, soledad mía,
viniste cuando se fue ...

De sus brazos me escapé
cuando en sus brazos dormía;
estar a solas quería
sin adivinar por qué.
Toda la noche vagué
por verte, soledad mía;
regresé rayando el día,
y dormida la encontré.

De puntillas me alejé
burlando su compañía
por hallarte, y no te hallé;
pero un día
que volví, no la encontré...

¡Ay, mi soledad tardía
viniste cuando se fue!
Lloré porque no podía
hallarte, soledad mía,
y lloro porque te hallé...

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EL ORTO

Es el amanecer, y cuando ufana
salta la aurora iluminando el mundo,
se oye un himno magnífico y profundo
como el eco triunfal de alegre diana.

Por la vaga extensión, una campana
deja oír su tañido gemebundo,
y por el campo ubérrimo y fecundo
se dilata la luz de la mañana.

Todo saluda al sol; dan a porfía
las flores su matiz, el viento aromas;
el arroyo, confusa parlería,

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TUÉRCELE EL CUELLO AL CISNE

Tuércele el cuello al cisne de engañoso plumaje
que da su nota blanca al azul de la fuente;
él pasea su gracia no más, pero no siente
el alma de las cosas ni la voz del paisaje.

Huye de toda forma y de todo lenguaje
que no vayan acordes con el ritmo latente
de la vida profunda... y adora intensamente la vida,
y que la vida comprenda tu homenaje.

Mira al sapiente búho cómo tiende las alas
desde el Olimpo, deja el regazo de Palas
y posa en aquel árbol el vuelo taciturno...

Él no tiene la gracia del cisne, mas su inquieta
pupila, que se clava en la sombra, interpreta
el misterioso libro del silencio nocturno.

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MARINA

Sobre la playa, el arenal escueto;
el mar, plomizo como hedionda charca,
y no lejos el casco de una barca,
fósil aparición de un esqueleto.

Ni un toque de verdor, ni un indiscreto
rayo solar en lo que el ojo abarca:
sólo un islote gris el lomo enarca
como un cetáceo encadenado y quieto.

Con calma funeral vienen las olas
a agonizar en las riberas solas
sin que haya nadie que su riesgo afronte;

y en la bruma sutil que el alma hiela,
ni un ala, ni un celaje, ni una vela
que rompa la insulsez del horizonte.

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