10 Poemas de Salomón de la Selva 

LA BALA

La bala que me hiera
será bala con alma.
El alma de esa bala
será como sería
la canción de una rosa
si las flores cantaran
o el olor de un topacio
si las piedras olieran,
o la piel de una música
si nos fuese posible
tocar a las canciones
desnudas con las manos.

Si me hiere el cerebro
me dirá: Yo buscaba
sondear tu pensamiento.
Y si me hiere el pecho
me dirá: ¡Yo quería
decirte que te quiero!

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ELEGÍA

1.
Mi compañero ha muerto.
La confusión en el asalto
nos separó un momento.
¡un momento, y ahora es para siempre!
Quiero estar solo,
escondido de todas las miradas
para decir mi queja.

2.
¿Cómo pude seguir en la pelea
si me había vestido de valor
sólo porque jamás en su presencia
me atreví a desnudar
la natural flaqueza de mi espíritu?

3.
¡Hermano y más que hermano!
Ahora que me faltas
doblemente me pesan los arreos.
El viento sopla dos veces' más helado.
¡ Si serás tú el que vive, yo el que ha muerto!
Todo está tan cambiado.

4.
Así como en las copas de los buenos festines
rebosa el vino obscuro
y deja roja mancha en los manteles,
tus ojos rebosaban cariño
y tu rostro
se inundaba de rubores.

5.
Tu mirada
era más dulce que el sueño y más consoladora,
y era mejor que el baile con mujeres
luchar contigo cuando helaba,
sentir tu aliento puro en las mejillas
y tu púgil vibrar en todo el cuerpo.

6.
¿Dónde estará la doncella —
predestinada a una viudez de virgen —
a quien tu beso, tu beso y no el de otro,
debiera haber fecundizado?
Yo le diría: "Hermana,
toma mi cuerpo que supo ser tan suyo
que aunque no sangra, siente
la herida que a su cuerpo dio descanso!"

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NOTICIAS DE NICARAGUA

Puesto que Nicaragua entró en la guerra,
lo justo es que el Obispo diga misas
por el triunfo de las armas aliadas.

En las tertulias y en las barberías
se malgasta saliva
defendiendo "la causa."

Ya no pueden los periódicos
con los sonetos a Bélgica
y las odas a Francia.

Pero cuando supieron
que venía a la guerra yo,
nicaragüense,
a pelear por Nicaragua,
los beatos,
y los discutidores en público,
y los hacedores de versos,
convinieron en que yo estaba loco.

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HERIDOS

He visto a los heridos:

¡Qué horribles son los trapos manchados de sangre!

Y los hombres que se quejan mucho;
y los que se quejan poco;

y los que ya han dejado de quejarse!

Y las bocas retorcidas de dolor;
y los dientes aferrados;

y aquel muchacho loco que se ha mordido la lengua

y la lleva de fuera, morada, como si lo hubieran ahorcado!

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GRANADAS

Porque me parecieron
pájaros que volaban las granadas, —
golondrinas de los atardeceres, —
me sorprendió como cosa de magia
ver que en donde caían
con un estruendo vasto, levantaban
espirituales árboles de tierra
maravillosos de troncos y de ramas.

En el ramaje aéreo de esos árboles,
escondido en el follaje de barro,
hizo su nido de un instante
un deseo olvidado:
Tal vez de dormir en medio de un bosque,
quizás de tener alas;
¡ tantos deseos caben en sólo uno
cuando se está casi muerto de cansancio!

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COMOUFLAGE

Parece que hace siglos
no me miro al espejo,
y en los ojos de los vivos
por vergüenza no puedo,
y no reflejan nada
los ojos de los muertos.

Debo de haber cambiado de cara:
debo de tener hundida la frente;
mis labios deben de ser una sola línea recta;
debo de tener los ojos como dos alfileres.
¡El apego a la vida me debe de haber mudado
para que cuando me busque no me conozca la muerte!

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VERGÜENZA

Este era zapatero,
éste hacía barriles,
y aquél servía de mozo
en un hotel de puerto. . .

Todos han dicho lo que eran
antes de ser soldados;
¿y yo? ¿Yo qué sería
que ya no lo recuerdo ?
¿Poeta? ¡No! Decirlo
me daría vergüenza.

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CANTAR (EL SOLDADO DESCONOCIDO)

Mar del Norte, Mar del Norte,
si en ti me ahogo,
lávame los sudores,
mátame todos los piojos,
déjame la carne blanca
y los cabellos de oro!

Que va a venir a tus playas
para buscarme, la novia:
¡No quieras que me tenga asco
cuando me bese la boca!

Mar del Norte, Mar del Norte,
si en ti me ahogo,
haz de cuenta que te han echado

un manojo de heliotropos,
¡qué blanca tengo la carne
y los cabellos de oro!

Carne blanca que antes era
promesa para mi novia. . .
¡No quieras que me tenga asco
cuando me bese la boca!

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MIENTRAS NOS ALISTÁBAMOS

Mientras nos alistábamos
para entrar otra vez en batalla
uno decía: "¡Infierno!
con tal que no me mate,
bienvenida es la bala
que me dé una pensión toda la vida."
Su voz tenía un dejo inexplicable;
y si lo que decía era jactancia
o propósito serio, ¿quién lo supo?
Ni él mismo. Ni nadie le importaba.

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CONVALECIENTE

Mi traje azul claro, de lana,
cómodo como el de un mandarín chino,
y mi corbata roja, símbolo de sangre derramada,
dan color a las calles de Londres.
Un pedazo de cielo, algo divino,
se aburre monstruosamente en la metrópoli del mundo.
Mañana vestiré otra vez mi uniforme
para ser del todo gente y no importarle nada a nadie.

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